UNICEF ha evaluado en 4.000 el número de bebés que mueren cada día por la ingestión de leche en polvo mezclada con un agua insalubre o administrada en biberones sucios. Si se hubieran alimentado con leche materna estarían vivos.
En África, las grandes multinacionales de la alimentación como Nestlé
promueven la leche en polvo anunciándola en inmensos carteles en los que se ve
a mujeres negras con sus bebés en brazos y en los que se puede leer: “Por el
bien de tu hijo, dale leche en polvo”. A menudo, un rostro blanco sonríe en
segundo plano, dando a entender que todas las madres blancas dan leche en polvo
a sus hijos.
Dado
el prestigio del que gozan en África los productos y los hábitos de consumo de
los blancos, muchas mujeres africanas totalmente sanas, se ven influenciadas
por este tipo de publicidad y dejan de dar de mamar a sus hijos para comprar,
con su escaso dinero, unas cucharadas de leche en polvo en el mercado, ya que
no se pueden permitir el lujo de comprar latas enteras.
Esta leche en polvo es mezclada con agua que, dada la dificultad de
encontrar agua potable, en un 80% de los casos está contaminada.
De esta forma, el bebé no solo no podrá disfrutar de los efectos
inmunitarios de la leche materna y no recibirá la cantidad de leche necesaria,
sino que pronto sufrirá diarreas que acabarán en muchos casos con la muerte.
Algunos estudios realizados en África y América Latina revelan que, los
médicos y enfermeras de los hospitales, son objeto de un acoso constante por
parte de los agentes de algunos fabricantes de leche en polvo, dando como
resultado que, en muchos hospitales, los bebés son alimentados con biberón
desde que nacen.
En algunas maternidades
africanas, el reparto de biberones es gratuito. Cuando la madre vuelve a casa
recibe también gratis una o dos latas de leche en polvo. Luego la distribución
se interrumpe bruscamente y la madre, que ya no puede dar de mamar a su hijo
porque no tiene leche, en una situación extrema tiene que hacer lo imposible
para conseguir comprar unas cuantas cucharadas de leche en polvo que tendrá que
diluir en el agua contaminada del pozo o del charco que tenga más cercano.
Todos
los datos han sido obtenidos del libro “El imperio de la vergüenza” de JAN
ZIEGLER, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la
alimentación.